El Ciclo De La Reencarnación Y Su Efecto Social

Espiritus que nos rodean

El Ciclo De La Reencarnación Y Su Efecto Social

 

Este ensayo busca dilucidar los potenciales efectos que tiene el ciclo desencarnación-reencarnación en la dinámica de las sociedades humanas o de espíritus encarnados, para lo cual usamos como referencia los postulados de La Teoría Espiritual claramente enriquecidos por la abundante información publicada por Allan Kardec en su obra junto con la información publicada por la Escuela Científica Basilio en las pasadas décadas.

Los seres vivos no son solo maquinas biológicas, eso es claro para quienes estudian y practican la ciencia espiritual. El ser humano es en realidad un extraño hibrido interdimensional donde convergen un espíritu dotado de inteligencia y consciencia de sí mismo que existe en la dimensión espiritual, y un cuerpo dotado de una compleja estructura biológica que existe en la dimensión material. Es una combinación de componentes de dos dimensiones, de ahí el término “híbridos interdimensionales”.

La compleja integración de estos dos elementos, espíritu y cuerpo, crean un ser físico que expresa consciencia e inteligencia al cual llamamos ser humano. Y aunque el ser humano se reconozca a sí mismo a través del cuerpo, y aunque sienta como si ese cuerpo fuera él mismo, la realidad que se verifica a través de la mediumnidad es que el cuerpo es solo el vehículo de expresión física del ser espiritual. El espíritu lo es todo y el cuerpo solo es su coraza temporal.

Puesto que el verdadero ser es el espíritu encarnado, toda la responsabilidad por las decisiones, opiniones y acciones ejecutadas por el cuerpo de la persona, es del espíritu. Somos nosotros, los espíritus que habitamos el cuerpo los responsables de todo aquello que haga o deje de hacer el cuerpo.

Vale aclarar sin embargo, que el mecanismo de conexión del espíritu con el cuerpo es bastante sofisticado y pasa a través del delicado y altamente elaborado filtro del cerebro y de la estructura espiritual asociada con este llamada LA MENTE.

Tanto el cerebro como la mente que se forma en concordancia con su estructura, han evolucionado a través de millones de años desarrollando mecanismos automáticos precisos tendientes a maximizar las posibilidades de supervivencia del ser humano. Este es el propósito fundamental que responde a los intereses de los genes, los encargados de determinar tanto la estructura como las funciones automáticas del cuerpo o instintos. Los genes son los verdaderos dueños y dominadores de la vida material.

A pesar de enorme control que los genes tienen sobre las acciones del cuerpo, existe un espacio claro para la intervención del espíritu de tal forma que éste –el espíritu- puede aportar siempre algo nuevo a través de su discernimiento e inteligencia.

Lamentablemente con pocas excepciones los espíritus que encarnan traen consigo un enorme lastre de prejuicios fruto de su estado espiritual, que inevitablemente terminan por aflorar como conductas del ser humano que representan. Estas conductas suelen estar asociadas a aspectos triviales para un espíritu como el racismo, el fanatismo religioso, las ínfulas de superioridad social, el nacionalismo, etc. Todos ellos prejuicios adquiridos y alimentados a través de distintas encarnaciones donde debido a su estado de desarmonía espiritual han sido fácilmente seducidos por ellos.

Es cierto que la humanidad como tal ha experimentado un progreso desde su aparición como especie y como civilización, pero el costo que ha pagado para lograr ese progreso ha sido muy elevado debido precisamente a la expresión física de esos estados de desarmonía tan acentuados. Estados que además son el reflejo del mismo nivel de división y confrontación que los ha caracterizado a nivel espiritual.

El Ciclo de Encarnación y Desencarnación

De acuerdo con la Teoría Espiritual (TE) los espíritus encarnan en respuesta a la fuerte afinidad que poseen con los componentes espirituales de la materia. Es una relación interesante que se extiende hasta los comienzos de la civilización misma cuando aparecieron los primeros seres humanos y en ellos vinieron a encarnar los espíritus más afines con esos cuerpos. Afines no solo en términos de similitudes vibratorias sino también en niveles de atraso. Tan atrasados como aquellos cavernícolas eran los espíritus que llegaban a experimentar la vida física encarnados en ellos, viviendo al comienzo más de las conductas instintivas pre-programadas por el cuerpo, que de las decisiones racionales fruto de la inteligencia del espíritu. Sin embargo, aunque con una inteligencia poco desarrollada entonces, su aporte le proveía de la suficiente ventaja selectiva como para irse convirtiendo en la especie dominante sobre las otras y así garantizar su supervivencia a través de los siglos.

Cada vida, cada encarnación, algo siempre aportaba a su progreso espiritual, pero nunca lo suficiente para desprenderse completamente de esa afinidad con lo físico que eventualmente lo hacía candidato natural para regresar una y otra vez al escenario de la vida física. Y fue en ese ir y venir permanente que fue desarrollando inclinaciones muy poderosas dentro de los distintos prejuicios surgidos de su propia desarmonía, pero trasladados a la faz física, y que lo han convertido en especie de prisionero espiritual de la materia.

Esto llevó a que geográficamente se establecieran colonias de seres humanos encarnados por espíritus que compartían en común una misma o similar forma de pensar o concebir las cosas, es decir, distintas agrupaciones espirituales se encontraron de pronto reencarnando en sitios específicos. Clanes, villas o ciudades-estados (hoy países), se convirtieron en los sitios donde espíritus similares eran fuertemente atraídos para reencarnar una y otra vez; allí se sentían cómodos sosteniendo y predicando los mismos prejuicios hasta el punto de defenderlos a muerte. Pero no importa cuán cerrados y prejuiciados esos seres, ninguno ha podido ser ajeno al progreso que encarnación tras encarnación va ocurriendo, brindando un poco de luz a sus almas y trasladándola a sus propias sociedades como una forma de progreso social. Así van evolucionando las sociedades.

La estabilidad social no solo trajo éxito a estas sociedades sino que además conllevó a un aumento de su población y con él, a un expansionismo que inevitablemente comenzó a tocar las fronteras de otros grupos espirituales-humanos. El resultado no pudo ser más terrible. Cruentas guerras de exterminio acompañadas de las más extremas formas de sufrimiento que arrasaron con poblaciones enteras lanzando a la faz espiritual enormes masa de espíritus extremadamente alterados por la violencia sufrida, que los enceguecía y les impedía recuperar completamente su consciencia de seres espirituales.

Si, esa ha sido una de las consecuencias inevitables de la encarnación, una especie de efecto físico sobre el alma que sumado a su atrasado estado de armonía los lleva a desarrollar una especie de tendencia obsesiva: el ser espiritual se enfoca tanto en su experiencia física que sin darse cuenta termina bloqueándose a sí mismo la posibilidad de reconocerse enteramente como espíritu luego de su desencarnación. Estos son los seres espirituales que a pesar de ya no tener un cuerpo, de ya no estar encarnados, permanecen deambulando por los parajes físicos donde vivieron. Son espíritus que siguen más pendientes de los sucesos físicos y de cómo poder influenciar en quienes lo sobreviven físicamente, que en detenerse un instante a reflexionar sobre su nuevo estado de espíritus libres.

Estos son los espíritus errantes descritos por Kardec, espíritus sin cuerpo que se obsesionan por continuar viviendo los prejuicios y absurdas convicciones de la vida material. Los mismos que bajo ese estado se reúnen atraídos por su similitud de ideas con los otros que han desencarnado, para formar masa de espíritus o agrupaciones que constantemente están buscando formas de cómo influenciar desde su condición, a los espíritus aun encarnados. A unos para perpetuar su delirio de prejuicios y a otros para intentar destruirlos como enemigos naturales.

Son masas de espíritus tan fuertemente asociadas a sus grupos materiales que entran en ciclos constantes de encarnación-desencarnación donde, como explicamos antes, el progreso aunque lento finalmente ocurre. Con un buen margen de tiempo, esas conductas extremas y refractarias eventualmente van cambiando o evolucionando hacia conductas más inclusivas y armónicas, pero inevitablemente, la dinámica propia de las distintas subculturas humanas conducen a confrontaciones que interrumpen ese proceso y las guerras de nuevo vuelven con toda su carga inmoral.

Estas confrontaciones son como sacudidas súbitas, movimientos telúricos sociales de distinta magnitud que de nuevo sacuden profundamente la estructura social física y espiritual con consecuencias dolorosas para los involucrados.

Este es precisamente el fenómeno que vemos hoy día, donde una fuerte sacudida social en una parte del mundo ha dado origen a movimientos fanáticos extremistas cuyas ondas de choque se extienden por todo el mundo, detonando la nucleación de otras formas de extremismo que había permanecido bajo el control de las estrictas normas legales de las sociedades organizadas y reguladas. Es entonces que vemos a grupos fanáticos religiosos enceguecidos cometer las más inverosímiles atrocidades contra otros seres humanos, mientras sus efectos se convierten en detonante para la nucleación y surgimiento de grupos xenofóbicos, racistas y con prejuicios de clase.

Divide y vencerás, decían los estrategas de la guerra y si no detenemos ya esta ola de polarización que recorre el mundo, terminaremos de nuevo con un mundo dividido, caldo de cultivo perfecto para una nueva sacudida violenta que traerá mucho sufrimiento y destrucción.

No podemos caer en este juego que ya se ha repetido tantas veces en el pasado a escalas mundiales. No podemos permanecer indiferentes mientras el mundo se divide en los bandos claramente definidos que promueven los patrocinadores de prejuicios. No existen varias razas, solo somos una misma especie humana. No existen seres superiores por el color de su piel, solo existen seres humanos adaptados físicamente a distintas regiones. No existen seres privilegiados por pertenecer a una clase superior adinerada, solo seres humanos con la responsabilidad de tener los recursos para hacer del mundo un lugar mejor. Porque todos los que estamos aquí ahora, ya estuvimos antes y volveremos después, y si no hacemos lo propio para hacer de este mundo un lugar mejor, el día de mañana tal vez nos toque del otro lado del escenario siendo víctimas de la misma miseria y prejuicios que un día ayudamos a establecer.

La evolución es un proceso inclusivo que va destruyendo el egoísmo y edificando la fraternidad entre todos los seres, para crear sociedades que abarcan a cada vez mas seres. Estamos en el estado social de naciones y el siguiente paso es la creación de una sociedad planetaria. Es nuestra responsabilidad crear las condiciones para que todos los seres, de todas las naciones tengan un espacio en la sociedad planetaria.

 

Author: ISRSP

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1 Comment

  1. Maravillosa reflexión, y muy pertinente dadas las condiciones de tensión mundial en la que estamos.
    Muchas gracias por compartir vuestro saber con todos nosotros y gracias también por ayudarnos a entender cómo y por qué, a pesar de nuestros egoísmos, la sociedad y el ser humano avanzan poco a poco, encarnación tras encarnación, hacia una mayor fraternidad.

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