El Proceso de Encarnación: Visión integrada del Espiritismo y La Ciencia Espiritual

El Proceso de Encarnación:
Visión integrada del Espiritismo y La Ciencia Espiritual

La encarnación y desencarnación son dos fenómenos que están estrechamente conectados.
Encarnamos porque existe la materia y ésta, en su proceso de evolución, ha creado formas complejas como los organismos en cuya estructura celular íntima se esconden componentes espirituales encarnados. Cada célula viva posee un componente espiritual que influencia las funciones biológicas y sociales de la célula. A su vez, los componentes espirituales celulares ejercen su influencia sobre el componente espiritual central que llegara para hacer dirigir ese cuerpo, nos referimos al espíritu dirigente de los humanos.

Cada vez que se forma un embrión humano se desata una compleja cascada de eventos que finalizarán con la encarnación de un espíritu unidad. Sin embargo, aunque todas las estructuras del cuerpo son fundamentales para la vida, solo el cerebro posee la capacidad e influencia suficiente para atraer y encarnar un espíritu. De aquí se desprende que sin cerebro no puede haber encarnación del espíritu y cualquier cosa que le suceda al cerebro necesariamente afecta la permanencia del espíritu encarnado.

La atracción del espíritu que va a encarnar comienza de forma muy sutil desde el momento de la fecundación (fertilización del ovulo por el esperma). En ese momento el embrión adquiere una especie de vibración espiritual particular que es la suma de las vibraciones de los componentes espirituales de los gametos iniciales (ovulo y esperma). Esta, sin embargo, es aun una vibración débil, que sin embargo llega ya al espíritu más afín al futuro bebé el cual ya comienza a presentir que su encarnación esta cerca.

En la medida que el embrión crece y el cerebro comienza a formarse, la señal de atracción aumenta, envolviendo poco a poco al espíritu afín, que para entonces ya siente el efecto en forma de una especie de turbación que poco a poco lo sumerge en un estado similar al del espíritu durante el sueño, estado que se refuerza con un olvido progresivo del pasado. En esa etapa los componentes espirituales dirigentes de las células del cerebro ya han comenzado a organizarse a nivel espiritual para dar origen a una importante estructura: la mente.

En esta etapa, el espíritu aun no está encarnado, pero entre éste y la mente-cerebro ya se ha establecido una relación muy fuerte que inevitablemente conducirá a su encarnación final. Poco a poco el espíritu se va sumergiendo más en la turbación de la encarnación, todas sus memorias son bloqueadas quedando reducido a un ser en estado de casi total anonadamiento para el final del embarazo.

Para cuando el parto se produce, el espíritu ya ha alcanzado el máximo de atracción con la mente-cerebro del nuevo ser, que sin memorias del pasado abre sus ojos a la existencia física incapaz de reconocerse a sí mismo y totalmente dependiente del cuidado de su madre. Si bien el espíritu encarnado posee intacto su atributo inteligencia, este no puede manifestar su inteligencia ni reconocerse a sí mismo por la falta de información acerca de todo. Es como una sofisticada computadora, de gran capacidad que sin embargo esta vacía de archivos de programas. Pasaran muchos años de arduo trabajo recabando información y experiencias de la vida física antes de lograr despertar plenamente a la conciencia y comenzar a expresar lo que realmente es como espíritu, su verdadero estado espiritual. Durante toda su vida física su pasado espiritual seguirá bloqueado y toda su memoria y experiencias se reducirán a la experiencia física que recién comienza.

Esta es una de las consecuencias de la encarnación más interesantes, pues el espíritu no solo no puede recordar nada de su pasado sino que además todo recuerdo nuevo que adquiere a través de su inteligencia también es bloqueado por el mismo mecanismo, lo que lo obliga a vivir solo de los recuerdos que almacena su mente a través de su contacto con el cerebro.

El fenómeno de la turbación durante la encarnación tiene su raíz en la necesidad de mantener al espíritu que va a encarnar bajo control durante el proceso de unión al cuerpo, evitando así su resistencia y asegurando su sumisión al proceso. Sin embargo, la turbación vuelve y se “activa” durante el sueño o descanso del individuo, como una estrategia para impedir su emancipación completa durante este periodo, en el cual el espíritu se separa temporalmente de la mente-cerebro. Esta es la razón por la cual durante los periodos de sueño o desmayo todo nos parece confuso y difícilmente podemos reconocernos a nosotros mismos o reconocer claramente las situaciones que vivimos. La turbación también jugara un papel clave durante la desencarnación del espíritu, como veremos después.

Por su parte el olvido del pasado busca mantener al espíritu encarnado alejado de cualquier interés en las experiencias del pasado, de tal forma que esté completamente enfocado en su vida física actual. Esta es una forma de maximizar su éxito material en términos de supervivencia y continuidad biológica a través de la descendencia.
Como explicamos antes, el olvido del pasado no solo sucede antes de la encarnación, sino que es un mecanismo que se mantiene activo durante toda la vida del ser, posiblemente generado por la mente-cerebro, que entonces se convierten (la mente-cerebro) en la fuente de recuerdos del espíritu encarnado durante la vida física. Es importante aclarar que los recuerdos del espíritu encarnado no son borrados durante la encarnación sino solo bloqueados, pues una vez desencarnado y vuelto sobre si, el espíritu es capaz de recordar todo su pasado, además de todos los detalles de la vida física que acaba de dejar, incluidos aquellos olvidados por su mente debido a fallas en su función o enfermedades como el Alzheimer.

Este mecanismo de control sobre el espíritu, aunque efectivo, está sujeto a fallas que a la postre generan resultados complejos y sorprendentes. A lo largo de la historia humana existen evidencias de niños en los que el olvido del pasado no logra su efectividad al cien por ciento, y estos son capaces de recordar algunos detalles de esas vidas pasadas. Algunos incluso logran recordar cómo se llamaban, donde vivían y hasta como murieron en su última encarnación.
Por otro lado, puesto que la estructura de la mente depende de la estructura del cerebro, daños en el cerebro pueden eventualmente afectar la mente creando situaciones de olvidos y/o perdidas de memorias que en casos extremos dejan al espíritu sin los recuerdos necesarios para expresarse materialmente. Estos son los casos que ocurren en enfermedades como el síndrome del Alzheimer o el síndrome de pérdida de memoria corta.

También explica los casos de alteración de la memoria por la acción de químicos que al afectar las complejas conexiones entre las células del cerbero, están afectando las conexiones que integran fracciones de recuerdos que deben estar conectados para ser evocados correctamente.

En conclusión, la encarnación ocurre porque se forman embriones para encarnar y la acción de los componentes espirituales encarnados en ese cuerpo ejerce una poderosa influencia sobre el espíritu durante toda su vida física.

Author: ISRSP

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