Apariciones: La Experiencia de mi Madre

Apariciones: La Experiencia de mi Madre

Por Eduardo Sanz

Descripción del caso:

Mi madre es una mujer de extracción humilde. Nació y creció en una pequeña vereda enclavada en las montanas cafeteras del departamento de caldas en Colombia. Sus padres, campesinos sin mucha educación, poco podían ofrecerles a mi madre y sus hermanos, por lo que su futuro casi dependía de lo poco que pudiera aprender en la única escuela del sector donde apenas si se podía estudiar hasta tercer grado.

Desde su casa, a la distancia podía verse otra casa un poco mejor dotada perteneciente a Serena, una media hermana de su madre quien vivía con Judith, su hermana menor. Serena nunca se caso y con su recia personalidad y estricto sentido del deber se convirtió en el hada madrina de mi madre y sus hermanos.

Fue ella quien llevó a mi madre al pueblo para que conociera otras personas y otra forma de vida. Fue ella quien le enseñó las reglas básicas que el prejuicio social manda, desde como andar, hasta cómo usar cubiertos. Y fue ella quien en cierta forma puso a mi madre en el camino de conocer a mi padre.

Cuando mi madre se casó y emigró a un pueblo un poco más grande, la tía Serena, como la conocimos todos, también vendió sus cosas y se fue a vivir cerca. Amaba a mi madre como a una hija y ahí estuvo cada vez que mi madre dio a luz a cada uno de sus hijos. Fue su apoyo físico y moral, su consejera y amiga. Y cuando los años comenzaron a hacer mella en su físico, fue mi madre quien le tendió la mano y veló por ella, a pesar de la distancia, porque mi padre ya hacía años nos había sacado del pequeño y apartado pueblo para llevarnos a vivir a Bogotá, la gran ciudad capital.

La tía ya no nos siguió. Bogotá es una ciudad clavada a 2600 metros sobre el nivel del mar, donde a los recién llegados les falta el aire con facilidad y las temperaturas van de extremo a extremo en un mismo día. Serena se quedo en su pueblo, pero de vez en cuando emprendía las 8 horas de camino en bus por carreteras culebreras para visitarnos. Y aunque a veces pasaban años sin venir, mi madre se las arreglaba para visitarla cada vez que podía y tenía con que. Mi madre siempre hablo de la tía como su segunda madre y cuando mi padre falleció ese contacto se hizo más frecuente.

Fue extraño saber que la tía Serena se estaba muriendo. A sus ochenta y tantos años parecía que nunca había cambiado, al menos no respecto a la tía que conocí toda la vida. Su mismo físico, su mismo temperamento y su mismo carácter. Francamente pensé que nos iba a enterrar a todos. Era un roble y aunque siempre se quejaba en realidad jamás se enfermaba. Pero los años eventualmente pasan la cuenta.

Fuertes dolores en el vientre, vómitos y mareos fueron el preámbulo de un tumor que lentamente devoraba sus entrañas. Fue entonces que mi madre decidió viajar para quedarse con ella y ayudarla a sortear los laberintos de la burocracia del sistema de salud y de paso ayudarle con sus escasos recursos a pagar las costosas cuentas generadas. Pasaron meses antes de que el diagnóstico fuera confirmado. Meses de muchos dolores tratados con paliativos que terminaron por postrarla en una cama en su pequeña casa de mi pueblo natal.

La tía vivía en una casa pequeña con una sola ventana de tamaño corriente al frente y otra atrás que da a un solar de unos 15 metros de fondo. En él, la tía como buena mujer de campo, cultivaba flores, yerbas curativas y árboles frutales, entre ellos un limón al que quería mucho. Si, suena extraño, pero ella era de esas personas agradecidas que no escatimaba en manifestar su gratitud por todo aquel o aquello que le servía. Y el árbol de limón era especial para ella. Casi a diario tomaba uno o dos limones para exprimir sobre el agua de panela caliente con la que calmaba el frio de algunas noches de lluvia. Por eso no me extraña que allí la viera mi madre parada pocos meses antes de su muerte.

La tía ya estaba en fase agónica, una agonía lenta y deteriorante. Como buenos burócratas, los del hospital le dijeron a mi madre que no había nada que hacer, que estaba muy vieja para operarla y que de todos modos se moriría. Así que la mandaron para su casa a que la cuidara la familia, con una bolsa llena de pastas para el dolor. Fue en una de esas noches cuando mi madre fue testigo de la aparición.

Eran cerca de las dos de la madrugada cuando mi madre fue despertada por lo quejidos de mi tía. Con voz trémula susurraba por su pasta para el dolor. Mi madre salto de su cama y le dio su dosis de analgésico. Débil y fatigada por el deterioro orgánico, la tía se volvió a dormir. Fue entonces que los perros comenzaron a ladrar y a golpear con fuerza la lámina de metal oxidado que los mantenía en el solar y les impedía entrar a la casa. A la tía le gustaba que estuvieran allí atentos para espantar a los amigos de lo ajeno que suelen usar la oscuridad de la noche para empeorar la miseria de los que poco tienen.

Mi madre, aun aturdida por haber sido sacada de súbito de su sueño profundo, decide entonces llenar una vasija con agua para lanzársela a los perros y que dejaran de ladrar; temía que despertaran a la tía que ya bien mal se sentía. Pero cuál no sería su sorpresa que al asomarse por la ventana trasera de la casa la vio allí. Ahí estaba la tía Serena, parada junto al árbol de limón como si quisiera tomar alguno. Vestida con un traje de flores de tela ligera con el que era frecuente verla. En el instante que mi madre quedo petrificada por el miedo, la imagen de la tía giro sus ojos y se quedo mirándola fijamente. Mi madre salto hasta el interior de la casa y comenzó a llorar mientras calmaba sus nervios. El cuerpo de la tía seguía dormida en su cama, pero mi madre estaba convencida que era un presagio de que moriría muy pronto. Pero no fue así. La tía lucho contra su cáncer por varios meses más antes de partir.

Evaluación del Caso:

Este es un caso muy interesante de evaluar, especialmente porque la fuente del miso es mi madre, una persona de mi absoluta confianza y yo le creo. Mi madre siempre supo de mi interés por el fenómeno espiritual y a pesar de su formación católica le gustaba mucho que le contáramos de las cosas que aprendíamos en la escuela espiritual a la que asistíamos con mi hermano. Por eso su interés por que yo le explicara que sucedió ese día.

Básicamente en este fenómeno se combinan una seria de situaciones que es necesario describir. La primera tiene que ver con la actividad de nosotros los espíritus encarnados cuando estamos en periodos de sueño o desmayo. Cuando el cuerpo entra en la fase de sueño el espíritu y la mente se desconectan de su ubicación espacial respecto al cerebro. Es un proceso similar a desconectar el procesador de la motherboard o tablero de un computador; con la diferencia de que una vez desconectado completamente el espíritu del cerebro durante el sueño, este no queda libre. El espíritu permanece unido al cerebro y la mente por lazos fluídico.

Es precisamente esa conexión precisa de la mente y el espíritu con el cerebro lo que determina que la persona tenga control pleno, y consciente del cuerpo o no. Cuando mente y espíritu se desconectan del cerebro la persona entra en estado de sueño o desmayo y cuando se reconectan la persona despierta. O más precisamente el espíritu de ese cuerpo despierta a la conciencia en el cuerpo material.

Sin embargo, a pesar de que el espíritu esta desconectado del cuerpo, aun sigue bajo el control total de la mente. Alejado del cuerpo durante el sueño, el espíritu sigue siendo la persona física que cree ser. Y sigue sin recordar su pasado espiritual y menos aun sin reconocerse como espíritu. Es la misma persona pero viviendo experiencias sin el cuerpo. Son experiencias espirituales que a la mente poco le interesa grabar, porque la mente esta diseñada para ayudarnos a sobrevivir en la realidad física y las experiencias de tipo espiritual poco le aporta en ese propósito. Por eso casi no tenemos recuerdos de los sueños.

El espíritu durante el sueño va a los lugares que quiere ir o con los seres que desea compartir como si estuviera aun en su cuerpo, aunque el cuerpo no es obstáculo ya. Dependiendo de sus intereses y aun de su conocimiento de la realidad espiritual, el espíritu puede desde seguir haciendo las cosas que haría despierto hasta unirse a otros seres para hacer el bien o el mal. No físicamente, sino a través de su intención como espíritus.

La tía poco o nada sabía de la realidad espiritual más allá de las tradiciones bíblicas y los mitos y leyendas que inundan la imaginación de la gente del campo y los pueblos pequeños. Por eso no es extraño que en algún momento durante su periodo de sueño, pretendiera continuar con sus actividades diarias en su casa, entre ellas recoger limones de su árbol querido. Es casi seguro que si un médium vidente se hubiera parado allí junto a mi madre aquella noche, habría visto a la tía también junto al limonar.

Mi madre por su parte no es médium vidente. Aunque todos potencialmente somos médiums porque todos tenemos mente y la mediumnidad tiene su asiento en ese órgano espiritual. Pero las circunstancias particulares de aquel evento jugaron en favor de esa visión. Como explique más arriba esa noche mi madre salió de súbito de un estado de sueño profundo. Y dormirse y despertarse es un proceso que no ocurre de forma instantánea sino que pasa a través de lo que en la Teoría Espiritual (TE) hemos llamado un periodo de transición.

El periodo de transición se caracteriza por ser un periodo similar al estado mediumnímico, es decir, un periodo en el cual el espíritu se está separando del cerebro aunque la mente aun permanece bien conectada. El siguiente paso para quedar dormido completamente es la separación de la mente del cerebro también. El periodo de transición es un periodo corto pero crucial, pues es el periodo durante el cual somos muy susceptibles mediumnímicamente. Tal vez por eso la mayoría de historias de visiones de fantasmas ocurren de noche. No porque sea de noche exactamente sino porque es de noche que la mayoría de personas duermen y por lo tanto cuando estos periodos de transición son más frecuentes.

En el caso de mi madre su súbita salida del estado de sueño no le permitió completar el proceso de transición de despertarse completamente, lo que la mantenía en un estado de cierto letargo o somnolencia. Un estado en el cual la mente ya está conectada al cerebro completamente mientras el espíritu digamos que aun brega por completar ese estado.

Por eso, aunque ya habían pasado unos minutos desde que mi madre se había levantado, para cuando esta se asomó a la ventana trasera de la casa aun se encontraba en el estado de transición o mediumnímico, lo que le permitió ver al espíritu de la tía junto al limonar. No fue un reflejo. El espíritu de la tía se encontraba realmente allá. Su cuerpo descansaba en la cama, pero su espíritu estaba en lo suyo, en lo que a ella le gustaba hacer. Pero hay más.

No todos los espíritus son visibles a toda hora, incluso para los médiums. Para que un espíritu sea visto por un médium debe existir en ese espíritu una intensión de comunicarse, de ser visto. Y la tía quería ser vista. No porque ella como espíritu pensara en que mi madre viera un espíritu sino porque debido a su relación cercana reconocía en mi madre a un ser con el cual definitivamente quería estar y comunicarse. La tía, como espíritu, fue vista con el aspecto y la ropa que ella se identifica a sí misma. No es que el espíritu arrastre consigo un cuerpo espiritual con ropa y todo, el espíritu lo que hace es proyectar vibracionalmente la apariencia que cree tener, por eso los vemos en cierta edad de su vida y con cierta ropa. Algunos médiums incluso pueden también leer en lo que los espíritus proyectan, los lugares donde creen estar y haciendo las cosas que les gusta hacer. Pero repito el espíritu no arrastra un cuerpo espiritual, solo proyecta esa convicción que el médium interpreta a través de su mente.

Es casi seguro que el espíritu de la tía ni siquiera fuera consciente de ser un espíritu fuera del cuerpo. Bajo el férreo control de la mente ella, como todos los espíritus encarnados, aun durante esta etapa de sueño sigue viviendo la realidad que la mente crea para ella. Y la realidad general que la mente crea para todos nosotros es que somos el cuerpo y vivimos realmente en el mundo físico, cuando en realidad somos espíritus existiendo en la dimensión espiritual pero percibiendo la materia y lo que pasa en el mundo material a través del cuerpo al que estamos conectados.

Fraternalmente

Eduardo Sanz

Author: ISRSP

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